martes, 3 de septiembre de 2013

Sobre el desconcierto político y otros aderezos


Por La Guarura Impresa

En forma sostenida hemos venido advirtiendo sobre la consolidación en Venezuela de un escenario abiertamente vulnerable a incursiones de carácter totalitarista. Sabemos que en la creación de ese ambiente social no existe sólo un plan maquiavélico de la derecha venezolana (que de seguro sí lo tiene, y muy bien refrendado por la oligarquía empresarial y el imperialismo norteamericano), sino que responde esencialmente a la insistencia del poder constituido en conservar y pretender sostener un modelo económica y políticamente podrido y fracasado, en brazos de un discurso pseudo revolucionario e irrespetuoso de la inteligencia del ciudadano promedio venezolano.

Y no se trata de un contexto que emerge después de la desaparición física de Hugo Chávez, sino de un conjunto de líneas, métodos y estrategias políticas desacertadas que fueron tomadas en los últimos años por el fallecido Presidente (¡entre las que pesan enormemente la elección de sus tristemente célebres equipos gerenciales en todos o en la mayoría de los ámbitos públicos, y la reciente elección de sus "herederos políticos"!) y que son hoy la pauta de acción (sin el encanto legendario del hombre de Sabaneta de Barinas, por supuesto) improvisada, poco inteligente, errátil e inconsistente que ha venido caracterizando la situación político social del país.

De nada han valido las voces de alerta que señalan desaciertos en materia económica… Y a pesar de las casi risibles declaraciones del Ministro Merentes, y de sus tímidas predicciones inflacionarias, ¿Quién duda de que actualmente enfrentamos un fenómeno de hiperinflación con visos ciertos de estaninflación? ¿Quién sigue manejando la tesis única del sabotaje empresarial después del show mediático que culminó con la reunión amistosa entre el empresario Mendoza y el Presidente Maduro y la consecuente alza progresiva en los precios de los productos de  la cesta básica? ¿Tiene o no tiene el gobierno el poder de controlar la oferta competitiva alternativa para acabar con las roscas en las redes de producción y comercialización? ¿Quién pone en tela de juicio hoy en día el empeoramiento de la capacidad productiva, manufacturera y agrícola en la estructura de la producción total del país?

De nada han valido las voces críticas que alertan sobre la mala práctica de la cooptación política del PSUV, la incorporación de personajes mediáticos y/o faranduleros como candidatos a alcaldes, sobre el fenómeno de la imposición de gerentes poco idóneos en las empresas básicas y de producción social, sobre la sanción selectiva de corruptos "rojos rojitos" y la impunidad para los "allegados" o para los responsables −por ejemplo− de asignar la cifra de por lo menos veinte mil millones de dólares a empresas de maletín…  Estamos ante una élite gubernamental que decretó el fin de la crítica, cuando perdió su capacidad de diálogo y de discusión, y se enquistó en un discurso bobalicón, enajenante y desmovilizador de su militancia partidista y de los colectivos en lucha.

(¡Todavía nos resuenan en los oídos –y sobre todo, en la conciencia− las palabras del ministro Osorio preguntándose que quién había dicho que los obreros podían pretender asumir el control de las empresas!)

Desde hace poco más de siete años, ciertamente, operó un «golpe de timón» hacia la derecha, que sin previo aviso configuró una nueva correlación de fuerzas –y sobre todo, de pugnas internas dentro del ya tristemente conocido «nido de alacranes»− que hoy se manifiestan en este crítico contexto social, político y económico que actualmente enfrentamos.

Hoy, tres de septiembre, fuimos testigos de un apagón casi nacional que sembró de pánico colectivo, fundamentalmente a los habitantes de las ciudades atiborradas de sistemas eléctricos (porque en la Venezuela provinciana es usual y rutinario el corte de la energía eléctrica que aún continúa sin tener solución) y comprendimos claramente que todavía el gobierno nacional no ejerce control sobre nuestro sistema eléctrico.  Hoy se volvió a activar un motivo más de incertidumbre en los centros más poblados del país, además de  la inseguridad, sueldos depauperados, inflación galopante y desabastecimiento de productos de la cesta básica.

Ya no nos es posible asumir perspectivas externalistas que siempre ven el mal afuera. Allá lejos, a la derecha, saboteando y pugnando por ocasionar daños a la población. (Y repetimos una y otra vez, que no dudamos de sus inmensas ganas de hacer daño!). No obstante, tenemos razones para preguntarnos, después de catorce años de un gobierno pretendidamente revolucionario, si un hecho como este no obedece a un "apagón controlado" y deliberadamente "intencionado" orquestado por esas mismas mafias internas de poder que hoy cercan al gobierno de Nicolás Maduro.

¿Cuál de los grupos de alacranes de la política venezolana quiere hacerse con el espectro eléctrico y comunicacional del país? Dinos, Nicolás, quiénes son los que ahora quieren doblar tu brazo. Y ya no nos echen más cuentos de caminos, que a estas alturas nos los sabemos todos y no aceptaremos nuevos pactos que traicionen la voluntad popular y nuestro firme propósito de avanzar hacia una sociedad verdaderamente socialista.

Y frente a este nuevo escenario del proceso político, el pueblo venezolano sólo debe tener una respuesta contundente: ¡Échense a un lado si no saben gobernar, y denle espacio al pueblo para que gobierne!

No podemos darle cabida a la derrota ni permitir que el enemigo histórico encarnado en la derecha venezolana vuelva a asumir el poder y aniquile todo cuanto hasta ahora hemos alcanzado. No es el pueblo precisamente quien da muestras de inoperancia y corrupción.

¡Si quienes ejercen el poder no son capaces de crear sistemas eficientes que monitoreen el amplio espectro de lo público, no asuman cargos gerenciales, y denle paso al obrero, al campesino, al indígena venezolano que hartas veces ha dado muestras históricas de saber cómo se produce y se ejerce control sobre lo comunitario!

El pueblo venezolano debe volver a empuñar firmemente el timón; y ahora sí, con pulso firme emprender el rumbo hacia el socialismo, la única vía que garantizará la existencia del género humano sobre la faz de la tierra. La unidad hoy sólo es posible con quienes nos sentimos en situación de igualdad y compartimos la misma suerte. El pueblo venezolano no conoce el fracaso. Andamos en marcha. Renaciendo siempre en nuevas luchas y en nuevos sueños. 


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